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Fri 19 Sep 2014
Testimonio: Roberto E.
Written by Roberto E.   
Wednesday, 18 November 2009 04:48

Hablar de homosexualidad es complicado. En mi caminar son pocas las personas que he encontrado con el criterio para entender y hablar de una manera correcta acerca de la homosexualidad. Además de que hablar de este tema, o siquiera mencionar la palabra homosexualidad, compromete a más de uno. Por mucho tiempo nos ha parecido mejor quedarnos callados.

Fuera de toda superficialidad, y de toda broma, la homosexualidad es un tema de conversación muy extenso. Implica conocimiento, entendimiento, apertura, y por supuesto necesita experiencia. Esto si se quiere realmente profundizar. Más allá de cosas superfluas, la homosexualidad conlleva muchos aspectos: psicología, educación, amor, salud, Dios, etc.

Pensé en utilizar el término “homosexualidad” para introducir a estas memorias a todo lector. Pero de ahora en adelante me referiré a cualquier persona con atracción hacia su mismo sexo, precisamente como eso, “persona que sufre atracción hacia su mismo sexo”. Y esa es la definición que daré de mi mismo antes de presentarte mis memorias.

Yo soy una persona que por experiencias vividas desde mi infancia, y que perduraron en mi juventud, desarrollé AMS, atracción al mismo sexo. Y que no vivo de acuerdo con esa condición. Es el caso de muchas personas.

Este es un relato acerca de mi vida. En el explico de una manera detallada todas las raíces que he alcanzado a identificar con la ayuda de Dios en lo profundo de mi corazón, que originaron en mí la atracción hacia mi mismo sexo. Incluyo algunas heridas que marcaron muy especialmente mi corazón.

También narro el plan salvador de Dios preparado por él para mí. Lo detallo con mucho cuidado, con el fin de servir de luz para otros hombres y mujeres, necesitados de la mano sanadora de Jesús en sus vidas. Te lo presento de una manera muy original, así como la misión salvadora de Jesús lo es. Siempre moderna. De esta manera Dios muestra su perfección, y la disposición que tiene sobre todas las cosas, para que un hijo suyo sea plenamente feliz.

Me permito presentar dos anexos al final del relato. En el primer anexo presento información que proviene de bibliografías de reconocidos psicoanalistas, y en otros casos,  de sacerdotes, que confirman las heridas que produjeron en mí la AMS., y que se repiten en muchos y muchas más, a manera de patrón. Dentro del relato te encontrarás al final de ciertos párrafos, números superíndices. Te invito a que en ese momento revises el anexo uno, con el fin de que complementes la lectura.

En el segundo anexo, presento una carta de un sacerdote Voluntario de COURAGE, que venía escrita en la primera información que Dios llevó a mis manos, donde decía que vencer la atracción al mismo sexo era posible.

Bienvenido hermano, seguramente si estás leyendo estas palabras, es por que necesitas la guía del espíritu santo en la búsqueda de lo que quieres lograr. Te felicito en verdad. No será fácil, pero no estarás solo. Estaremos orando por ti. Lee estas memorias con detenimiento, e identifica aquello que te dicte tu corazón. Pero sobre todo se testigo de la gloria, y del poder sanador que hay en Jesucristo, mi salvador personal. 



Roberto E.  



Que la cruz que llevo a cuestas,

me recuerde día con día,

el compromiso que tengo con Dios

de hacer presente su salvación. 

Fue hace ya algún tiempo, a mi me han parecido siglos, pero en realidad solo han sido cerca de 11 años, supongo que mi vida había pasado con una lentitud que rebasaba los límites. Con la lentitud con la que pasan las horas en una conferencia en todos los sentidos aburrida, o a la velocidad con que pasan los minutos cuando esperas a una persona amada en alguna estación de autobús para irse juntos a algún lugar. Precisamente era así, yo esperaba a que llegara la felicidad, o que por lo menos diera señas de existencia, soñaba que partíamos juntos para nunca más separarnos. Quizá la velocidad con la que pasaron los segundos de mi vida, era la misma que la de los segundos en una noche de insomnio, con la misma desesperación con la que anhelas el arribo del sol para que termine el tormento, así anhelaba la luz que encausara mi destino. Tal vez la velocidad con que pasaban mis días, se puede comparar con la velocidad con que pasan los días para un enfermo terminal alejado de Dios, con el mismo vacío y la misma frustración, con el mismo coraje y la misma tristeza, y esperando solo el ocaso de la vida, y planeando a veces adelantarlo.

Vivía como en un mundo ilusorio, que había sido creado para mí desde las raíces de mi infancia. Solo fantasía, etiquetas equivocadas que me adhirieron algunas personas, y que erróneamente confirmé después. Yo me llamo Roberto, nací el 12 de Diciembre de 1987, soy el segundo de dos hijos que tuvieron mis padres. Desde pequeño recuerdo que yo sentía un gran amor por ellos, como todos los hijos aman a  sus padres, pero esta era una sensibilidad especial, muy característica de mi personalidad y que me ha acompañado hasta estos momentos de mi vida. De alguna manera esa sensibilidad me hacía susceptible a muchos aspectos del ambiente en el que yo me desarrollaba. En el lugar en el que yo estuviera y la situación por la que yo estuviera pasando había siempre una percepción extrasensorial. Siempre buscaba los detalles, el por qué, el para qué, y alguna otra manera de hacer lo mismo, era extraordinariamente perceptivo y absorbía fácilmente los estados de ánimo de las personas.1

Mis padres mantuvieron siempre una relación muy conflictiva. Desde los primeros años de casados, sus problemas sobrepasaban la capacidad de entendimiento y tolerancia que ellos tenían en ese momento. Siempre un pequeño problema se hacía inmenso (como es común en la inmadurez, en el orgullo y en los corazones heridos), y terminaba con la frágil y deleble paz familiar. Estas condiciones comenzaron a  dañar la estabilidad emocional de mis padres, pero muy especialmente la de mi madre, quien a mi juicio, sumada a su sensibilidad femenina había una sensibilidad innata como la mía, además de que un cúmulo de heridas en su infancia habían hecho de ella una mujer insegura, y con una percepción de si misma muy alejada a la autoestima sana de una persona. La pobreza extrema, el asesinato de su padre al nacer, y el de su hermano después, la experiencia de ser relegada en una familia machista, sometida por hermanos que parecían capataces de hacienda con látigo en la mana, y la falta de expresión de amor materno y lógicamente paterno, hicieron de ella una mujer con una tendencia extrema a la depresión, al desaliento y a la tristeza.2

Mi madre herida fue solo un factor que influyó en mi rechazo a mi género. En realidad fue un conjunto de hechos, será importante conocer lo que embonó con una madre herida: un padre herido.

Cuando papá  se casó con mamá se encontraba muy desorientado. El tenía cerca de 25 años y su actuar era el de un adolescente de 17. Viene de una familia completamente ajena  a las muestras de cariño, ensañadamente hacia él. Papá me ha confesado sus ansias de alguna muestra de amor especialmente de su padre3, creo que es el mayor resentimiento de su infancia y juventud. También su mamá era fría, y los dos hacían constantes diferencias entre mi papá y sus hermanos. El ambiente familiar estaba centrado en el trabajo, la familia era como una empresa, las relaciones eran más laborales que familiares, cada quien conocía sus responsabilidades y tenían que ser cumplidas al pié de la letra. Papá creció con esa idea de la vida, y así intento implementar el mismo sistema en su familia, el nunca usó a mi hermano y a mi para trabajar, pero el trabajo si acaparaba el centro de su vida. Siempre pendiente hasta de los más mínimos detalles, pasaba días enteros de trabajo de 12 horas, eran 12 horas de la fuente que lo  llenaba de la única plenitud que el conocía, pero para mi eran 12 horas de ausencia de la única fuente de masculinidad que yo tenía, entonces comencé a beber de la única fuente de amor que me quedaba: mamá.

Cuando papá  tenía un tiempo libre, generalmente los domingos, el los dedicaba a ver la televisión o leer el periódico, pero se le veía siempre apesumbrado, como que algo lo perturbaba, era frío en sus percepciones y comentarios, y lo más difícil para el era pasar momentos productivos en familia, donde se compartieran puntos de vista y se fortalecieran el amor y los lazos, pero nunca pudimos llegar a eso en familia, pues cuando se intentaba, todo terminaba en gritos y en una fuerte inestabilidad emocional, sin importar el lugar o la presencia de quien sea.  Papá tenía una clara incapacidad para mostrarnos el amor que sentía, era impaciente e intolerante, todo producto de nunca haber estado en un ambiente amoroso, para así tener referencia y ofrecernos algo parecido. Y como león hambriento buscando llenar su vacío, papá desarrollo a lo largo de su adolescencia un carácter colérico y una personalidad sumamente agresiva e impulsiva, que se hacía más grande por el resentimiento inconsciente hacia sus padres que lo trataban más como empleado que como hijo4.  Papá nunca supo controlar sus momentos de furia, ante cualquier mínima discusión el terminaba ofendiendo y humillando a mamá. Ella fue aprendiendo a que a papá jamás se le daba una opinión contraria, aprendió a que por más ansias de expresar una idea libre y diferente, no le estaba permitido, por que de antemano conocía el resultado de ello. Así lo aprendió mamá y así lo aprendí yo, puesto que también sentía ese temor cuando algo no le gustaba a papá, solo esperaba que la bomba estallara, y sentía que tenía que estar listo para disminuir el sufrimiento que papa estaba a punto de ocasionarle a mamá. Mi corazón latía muy fuerte, mis nervios comenzaban a alterarse, y mis ojos se llenaban de llanto. En mi cabeza comenzaban los recuerdos de lo que ya había pasado en otras ocasiones y que podía esperar que volviera a pasar. Para entonces yo ya era un niño retraído, inseguro y con la autoestima por los suelos, me era difícil la alegría, era temeroso ante todo, curiosamente le tenía pavor a las enfermedades a tan temprana edad. Mi relación con mi hermano era desastrosa, el me rechazaba por sus amigos en su rebeldía que también provenía del ambiente en que estábamos viviendo. Yo no tenía amigos y sufría por eso, me sentía tan poca cosa, veía el mundo de fuera gris por que así eran las gafas que me habían puesto en casa. Tenía miedo al rechazo, me era imposible sentirme a gusto con otros niños, era un temor extremo a enfrentarme a ellos en cualquier juego de competencia, prefería evitarlos a toda costa, y la manera más fácil era alejándome de ellos. Prefería la soledad, todas mis energías las aplicaba en mis estudios, pero eso no llenaba mis ansias de ser un niño en toda la extensión de la palabra. Por dentro quería jugar, correr, competir, pero había una gran barrera que no me dejaba hacerlo, de antemano yo mismo me decía que no podía hacer lo que ellos hacían, y esa incapacidad me hacía sentir diferente a ellos, más débil y delicado, con menos valor, un cobarde. Ellos comenzaban a notar lo que para mi ya era un infierno, e hicieron su parte del trabajo, pusieron en mí etiquetas que taladraban mis oídos, que laceraban mi débil identidad, y que en mi desesperación prefería aceptarlas, con tal de no enfrentar el reto de demostrar que estaban equivocados. Opté por tomar el camino en el que me sentía más seguro: quedarme en los brazos de mamá, y relacionarme con quien no implicaba para mi ni un solo temor y miedo: las niñas.

Continué  viviendo mi infancia en esa falsa seguridad, durante el transcurso de la escuela primaria las etiquetas que me ponían mis compañeros ya empezaban a adherirse a mí fuertemente, y yo comenzaba a ayudarlos. Durante el recreo procuraba estar lejos de todos los niños, y me acercaba a dos compañeritas que recuerdo muy bien, una se llamaba Rubí y la otra se llamaba Carmen. Yo mismo buscaba jugar con ellas, pero algo le decía a mi inmadura conciencia de niño, que eso no estaba bien, que no era mi lugar, que mi lugar estaba allá, en aquel mundo extraño, lleno te temores y de obstáculos que vencer con los otros niños, sortear las mismas dificultades que ellos, patear de la misma forma el balón, correr con toda la energía que caracterizaba a mi cuerpo pero que estaba ahí, inútil, desperdiciada. Yo estaba solo, no tenía una madurez que me animara a vencer tales retos, en ese momento mis papás estaban totalmente ajenos a lo que me pasaba, estaban tan abrumados con su mediocre relación que no tenían tiempo de fijarse en lo que se estaba convirtiendo su hijo, sin oportunidad de escapar. La curiosidad se hacía cada vez más grande, ansiaba conocer más de ese mundo extraño en el que deseaba estar, pero de lejos, desde un lugar en el que me sintiera seguro, detrás de un cristal, hasta donde no llegara la necesidad de tener que demostrar junto con ellos mis capacidades de niños. Yo solo quería ver, no quería competir en el fútbol, ni jugar carreras, ni mucho menos jugar unas vencidas, no quería hacer nada de eso por que había una voz interna que me decía que yo nunca podría, que se necesitaba mucha fuerza y que yo no la tenía, que se necesitaba ser un niño “normal”, y yo no lo era. Mi autoestima y la seguridad en mi mismo, pisoteadas por el violento ambiente familiar, junto con los temores que ya estaban anidados en mi alma de niño, por los gritos, empujones, golpes, etc.; estaban haciendo su parte del proceso. Ya no sólo eran la imagen tenebrosa que tenía de mi papá y la imagen depresiva y sufrida que tenía de mamá, ahora estaba desarmado para integrarme al mundo al que pertenecía, necesitaba valor, sentirme seguro para enfrentar lo que tenía que enfrentar. No tenía armas, desistí, y tomé un atajo.

Recuerdo muy especialmente a un compañerito, el fue como el “primer representante” del mundo extraño de los niños, me causaba mucha curiosidad, una curiosidad pura. El era valiente, enfrentaba todo reto que se pusiera en su camino. Yo alcanzaba a ver que el confiaba en sí mismo, tenía la seguridad de lograr cuanto se propusiera, y de demostrar a los demás niños que el podía hacer todo igual o mejor que ellos. Siempre mantenía una actitud desafiante. Yo lo observaba, y en el fondo era el niño que yo quería ser, aunque en esa etapa de mi vida no lo entendiera. Lo recuerdo como una especie de ídolo, y así lo fue en toda mi educación primaria. Una vez, tuve que enfrentarlo, fue un  momento doloroso. Mi frágil y lastimada identidad, mi baja autoestima y mi inseguridad, tenían que enfrentar a la valentía, a la seguridad y a la desafiante actitud de mi ídolo. Terminé llorando cuando el finalizó la discusión con un golpe.

Mi vida infantil continuó así por el largo periodo de mi educación primaria, fue en el último grado cuando comenzaba yo a explorar nuevos territorios, que al parecer tenían buena conexión con mi inseguridad, y mi baja autoestima. Tenía aproximadamente 10 años, la curiosidad que yo sentía por los demás niños continuaba siendo sed de conocer pura. En uno de esos días, un joven vecino de 19 años, en compañía de mi hermano planeó ver una película pornográfica. Yo me enteré y me causó una gran curiosidad, me acerqué a ellos, y ellos lo permitieron. Juntos fuimos a rentar la película, y el joven me concedió el “privilegio de seleccionarla”. Solo alcanzaba a ver las portadas, y miré una que decía “sexosecuestro”, esa palabra retumbó en mi cabeza e inmediatamente la elegí, la rentamos y fuimos a casa, nos encerramos en el cuarto de mi hermano y mío, y comenzamos a verla. Cuando salió la primera escena, en que dos personajes aparecieron, un hombre y una mujer conversando, mi atención como ya se estaba haciendo costumbre, era dirigir mi curiosidad al hombre, era alto y pelo largo y negro, comenzó a desnudarse, y al mismo tiempo mi corazón comenzó a latir fuertemente, era la primera vez que erotizaba mi curiosidad, de pronto estaba deseoso de que terminara de desnudarse, aún tengo profundamente grabada la sensación que mi cuerpo experimentó cuando pude ver sus órganos sexuales, era una sensación nueva acompañada de una risa incontrolable. Creo que aún no tenía malicia en mi curiosidad, estoy seguro que era el paso de conversión a una curiosidad erotizada. Aún yo era solo víctima de todo un proceso5. Todo cambió a partir de ese momento, comencé a experimentar otras sensaciones, ahora la curiosidad por los otros niños de mi edad tenía ciertos rasgos eróticos, no de una manera exageradamente impura, aún mi curiosidad estaba dentro de la nobleza de un niño, pero la primera erotización de la curiosidad ya se había dado. 5

Cuando yo entré  a la secundaria estaba muy contento, creí que sería el fin de la etapa de ser un “perdedor”, y todo cambiaría, curiosamente pensé eso cuando terminé la secundaria, la preparatoria y cuando cambié de carrera. En esta etapa de mi vida se dio más fuertemente el inicio del proceso de erotización. Por casualidad el mismo héroe que me había acompañado en los 6 años de la primaria, me acompañaría en la secundaria, por eso tengo un punto de referencia para hacer la diferencia antes y después del proceso de erotización de mi curiosidad hacia el mundo masculino. La pornografía continuó asediándome, era más constante, yo empecé a buscar revistas y películas que guardaba en mi recámara. Era pornografía heterosexual, pero cuando la veía, mi atención estaba dirigida al hombre. Comencé a sentir placer al ver la figura masculina, placer que yo reafirmaba mediante la masturbación. En mi mente por procesos psicológicos que no entiendo perfectamente, conecté mi curiosidad hacia los hombres ya erotizada (atracción sexual) con el placer que me ocasionaba el masturbarme.6

Ahora a mi héroe ya no lo veía tan puramente, comencé a utilizar mi imaginación, y más aún cuando eran visibles los cambios físicos en su adolescencia. Yo también transcurría por los cambios hormonales. La atracción empezaba  a ser  sexual, aunque las raíces nunca dejaran de ser emocionales. Me agradaba su físico, disfrutaba de observarlo. Sobre el ídolo se enramaba como enredadera una capa gruesa de sustancia sexual, que cubría lo que en verdad yo admiraba en él: su fortaleza, su valentía y principalmente su seguridad en si mismo y su gran autoestima. Esa capa tan gruesa y densa, engañosa e ilusoria, es la misma que ha envuelto a los hombres por los que he sentido atracción en mi vida.

En esta etapa fue muy traumático y desvalorizante para mí, el hecho de ver con qué  facilidad los demás chicos se acercaban a las chicas. Unos tenían novia, otros gozaban de hablar acerca de ellas, pero eso me parecía imposible de hacer, a veces lo intentaba, me acercaba a chicas, pero todo tema de conversación que viniera a mi mente me parecía ridículo, tonto y nada interesante. Pienso que esa imagen daba, lo expresaba en mi rostro y mi actitud, y efectivamente, terminaba pareciendo ridículo, tonto y nada interesante. Me frustraba cada vez más, y la atracción aumentaba, sobre todo hacia aquellos chicos que podían hacer todo cuanto yo creía no poder hacer. Me encontré con un profesor que negligentemente me puso la etiqueta de “Juan Gabriel”, aún lo recuerdo, supongo que fue una herida profunda. Tal vez esa etiqueta la consideré muy adherible, por que me la ponía un adulto, quizá pensé que él “sabía por qué me la ponía”.

Durante este desarrollo áspero de mi adolescencia, el ambiente en mi familia se tornó más violento. Yo veía cada vez más agresividad de parte de mi padre, y a mi madre la veía cada vez mas destruida, sin ánimos de vivir, y con un resentimiento muy grande hacia el, por darle una vida de amargura, y por una infidelidad. Yo también sentía ese resentimiento al ver a mamá sufrir. Ella cometió el error de llenar toda la falta de amor de su esposo, con el amor que yo podía darle7, me contaba sus cosas, y me hablaba siempre mal de papá, ella denigraba cada vez más la ya desagradable imagen de hombría que representaba papá para mí.

Dos de las heridas más profundas en mi alma ocurrieron en esta etapa de mi vida. El primer día de clases de mi segundo año de secundaria, nos levantamos muy temprano, pues mi hermano y yo teníamos que ir a estudiar, y papá tenía que trabajar. Mamá nos preparaba el desayuno. Ellos comenzaron a discutir, el tono de la discusión subía y subía sin que nadie la detuviera, yo ya comenzaba a alterarme como en todas las discusiones. Los gritos aparecieron, papá gritaba, mamá también gritaba, yo solo veía atento la escena. Papá comenzó a  azotar las cosas, y en un momento de desesperación mamá tomó un vaso de cristal, e hizo el ademán de aventárselo, pero no lo hizo, ella nunca se comportaba de manera violenta. Papá se enfureció, salió del cuarto en la dirección donde estaba mamá, la tomó con sus fuertes brazos y no dejaba de agitarla y de vociferar maldiciones. Yo estaba paralizado, de pronto levantó la mano y yo me llené de desesperación, corrí porque no quería permitir que la golpeara. Antes de que eso sucediera, enfrenté a papá, y arrastrando mis 13 años comencé a golpearlo y a empujarlo, y le gritaba que jamás volviera a  hacer eso, que no le iba a permitir que la golpeara, y no dejaba de empujarlo. Mi hermano se me echó encima, comenzó a decirme que no hiciera eso, yo no podía entender como me atacaba a mí y no a mi padre. Un sentimiento de culpa me invadió. Papá comenzó a gritar como loco, empezó a decir que se iba a matar. Mi llanto estaba incontrolable, junto a los alaridos de mamá yo gritaba  ¡por mi culpa, por mi culpa!. Me sentía maldito, papá salió descontrolado de casa y se fue. Quedé marcado desde ese momento, sentía una culpa que carcomía mi alma, esa culpa no se limitaba a ese momento vivido, se generalizó, sentía culpa por todo, por la desgraciada relación entre papá y mamá, y sentía culpa también por la atracción que sentía hacia otros chicos.

En otra ocasión, cuando tenía 15 años, una noche papá y mamá comenzaron a  discutir, los gritos llamaron mi atención y mis sentidos se preparaban para entrar en acción si era necesario. Papá comenzó  a vociferar, estaba oscuro, no veía sus ojos pero los puedo imaginar. De pronto mamá se levantó de la cama corriendo y papá detrás de ella, yo me abalancé para detener a papá, lo abrasé con mi pequeño cuerpo intentando detenerlo, pero era muy fuerte. Lo que más me dolió fue que el estaba fuera de sí y ni aún viendo a su hijo pidiéndole piedad se detenía. El intentaba safarse de mí para golpear a mamá. De pronto entré en un trance, comencé a gritar como un loco, y a correr llorando lleno de dolor, no recuerdo en que pensaba, el dolor me había rebasado, no podía más. Después regresé a la normalidad, tomé la valentía de un hombre de 15 años, le ordené a mamá que se saliera de la casa, y a papá le dije que se sentara porque quería hablar con él. Con la voz quebrada por el llanto le juré que nunca, en ningún momento el iba a golpear a mamá, por que yo sería capaz de matar a quien quisiera hacerle daño. Papá me miraba desconcertado.

Estas heridas las fui enterrando vivas en el fondo de mi corazón, y continué  “viviendo”.

En la época de mi último año de secundaria vi por primera vez pornografía homosexual, era un video que recuerdo perfectamente a cada detalle, ahí comenzaba un vicio devastador. Después de que me inicié en la pornografía homosexual, comencé a buscarla en Internet, visitaba cybers con privados, y ahí pasaba todo mi tiempo buscando pornografía homosexual. También buscaba salas de Chat gay. Yo deseaba tener contacto con algún hombre, buscaba conocer a alguien que llenara ese vacío que yo tenía dentro. Pero Jesús tenía preparada otra cosa para mi, nunca pude mantener contacto con alguien, las cosas no se daban, o el miedo me paralizaba en el momento culminante.

Cuando entré  a la preparatoria, era un joven muy disciplinado, solo me dedicaba  a estudiar, tenía el mejor promedio y era considerado el más inteligente del grupo. Desde que tuve que relacionarme con alguien, lo hice con mujeres, tenía muchas amigas, los hombres me rechazaban y casi no se querían juntar con migo. Era el mismo patrón de otras etapas de mi vida: inseguridad, baja autoestima, temores, fobias, heridas vivas en mi alma, adicción a la pornografía homosexual y a  la masturbación, frustraciones, soledad, aislamiento, AMS. Pero había un extra, un plus: la presión era más grande, se acercaba el momento en que tenía que elegir, la sociedad me lo exigía, y yo mismo también. Además mi cuerpo me pedía canalizar mi sexualidad, por donde sea pero canalizarla8. Me sentía apurado a decidir quien era yo, y me vi influenciado por un bum de información en Internet y en la televisión que me presentaban un “mundo gay”, en el que yo podía vivir felizmente.

Ahí en la preparatoria se dio lo que yo creí que era mi primer enamoramiento, era un chavo de mi misma edad, éramos los mejores amigos, salíamos juntos, conocíamos a nuestras familias, y yo cada vez dependía más emocionalmente de él, era una obsesión enfermiza.  Yo mostraba unos celos que  no tenían explicación. Odiaba que el tuviera otras amistades, y buscaba por todos los medios que solo él y yo nos divirtiéramos. Hoy me doy cuenta de que eso no es amor, yo solo buscaba llenar mis vacíos con el. Buscaba un objeto con el cual satisfacer esa hambre de explorar la relación sexual entre hombres. La obsesión desapareció cuando dejamos de vernos.

En esta etapa hay una herida en mi vida que quiero mencionar. Tenía 17 años.

Cerca de mi casa había un hombre, el siempre se mostraba ante muchos de manera libidinosa. Mostraba revistas pornográficas, prestaba películas, y sus comentarios siempre estaban relacionados a la promiscuidad.  Imagino que el se dio cuenta de la condición que yo había desarrollado, es de esas personas que parece que son enviados de Satanás y huelen las debilidades de los hombres para arrastrarlos al infierno. Comenzó a atacarme, su forma de tratarme era cada vez más sucia y malintencionada. Se valía de todos los medios para hacer que yo cayera en el error de tener relaciones sexuales con él. Me mostraba pornografía homosexual, me proponía que saliéramos e incluso a veces me mostraba sus órganos sexuales. Me decía miles de mentiras, pero todo eso me ilusionaba. Yo superficialmente quería tener relaciones sexuales con el, quería desfogar tanta energía sexual aprisionada. Yo fantaseaba y me masturbaba muchísimas veces. En mi mente aparecían ideas que me decían: ¡por fin!, ¡por fin tendrás lo que tanto necesitas”, “esta es tu oportunidad, aprovéchate”, y yo sonreía de alegría y me emocionaba. Pero Jesús estaba ahí, yo no lo veía, pero estaba ahí en la profundidad de mi ser diciéndome que él estaba conmigo, que no permitiría que el maligno me engañara. Después de muchos momentos peligrosos de caer, la tentación fue disminuyendo, pero estaba presente, y era un hoyo en el camino, en el que podía caer en cualquier momento. Yo salía corriendo hacia ese hoyo para caer intencionalmente cada que la lujuria se apoderaba de mí, corría para satisfacerme pero siempre pasaba algo que no me lo permitiera.

Cuando terminé  la preparatoria comenzaría lo más intenso de mi vida. Yo no lo sabía, pero ahora en verdad me emociona contar lo que después de terminar esta etapa me sucedió.

Fueron muchas cosas las que me pasaron al iniciar una carrera. Me equivoqué  en mi decisión, me fui a estudiar a otra ciudad. Así mi papá  se vio obligado a irse a trabajar a Estados Unidos por algún tiempo, también por eso sentía culpa, pero el plan salvador de Dios estaba dando por sentadas sus primeras bases, nadie nos dábamos cuenta. Mi hermano también había partido a trabajar a otro estado, mi mamá se había quedado en nuestra casa, papá en otro país y yo estudiando totalmente desubicado en otra ciudad. Veía  a mi familia rota, soñaba en las noches, y le preguntaba a Dios si algún día volveríamos  estar todos juntos. Me dolía mucho la soledad, todas mis debilidades estaban expuestas a merced de muchas personas. Una mañana de fin de semana al despertar en casa, me entró una idea a la cabeza, espontáneamente yo ya no quería regresar a esa ciudad. Hablé con mamá y le dije que yo necesitaba arreglar muchas cosas, que tenía que madurar, y que me sentía muy mal por que papá se había ido a trabajar por mí. Mamá me dijo que no me preocupara, que si ya no quería ir que no lo hiciera. Después hablamos por teléfono con papá y el se sorprendió, pero reaccionó de muy buena manera y me apoyó. Parecía que yo había hecho irse a trabajar a papá en vano, pero no fue así, papá se encontró con un hombre que tenía planeado hacer negocios aquí en México. Le ofreció una asociación, y en muy poco tiempo pusieron un negocio en casa. Jesús disponía todo para mi sanación. Hoy ese taller me provee de estabilidad a través de mi padre para que yo sane y le sirva a Jesús en el momento en que el quiera.

Papá regresó  a casa, mi hermano también decidió volver, y estábamos otra vez juntos todos los miembros de la familia. Yo decidí trabajar mientras iniciaba el próximo ciclo escolar. Durante ese periodo de tiempo, decidí aceptarme como homosexual, y vivir plenamente como tal. Comencé a buscar una pareja, al mismo tiempo que ya no sentía culpa por el vicio hacia la pornografía homosexual. Parecía que era el fin de todo tormento. Empecé a comprar ropa que llamara la atención, y mis actitudes eran afeminadas. Tuve contacto con varias hombres que eran “candidatos” a ser mi primera pareja, pero con ninguno pude lograr nada. Pareciera que la misma inseguridad que nunca me dejó conquistar chicas, también se hacía presente cuando intentaba conquistar hombres. Ingresé a una nueva carrera, con la firme intención de ser reconocido como “gay”, eso me hacía sentir un orgullo y una felicidad.  En una ocasión encontré a un hombre en un camión rumbo a mi casa. Era otro enviado de Satanás. Sin siquiera cruzar palabras olió mi debilidad y lanzó la red. De inmediato se presentó e inició una conversación. En esos días yo me había aceptado como homosexual, definitivamente yo quería vivir así, no me interesaba saber razones, yo solo había decidido dar rienda suelta a lo que me pedía mi cuerpo. Yo correspondí a las intenciones de ese hombre. Continuamos hablando y al final el me dio su tarjeta, me dijo que me comunicara con el. Apenas bajó del camión le envié un mensaje, y le dije que quería volver a verlo. Era la misma tentación, por fin cumpliría mi “sueño” de estar con un hombre, de satisfacer mi deseo sexual, y de sentirme protegido y amado. Después nos comunicamos, quedamos de vernos en un parque al día siguiente. Yo estaba emocionado, esperaba ese día y comencé a fantasear sobre como sería el encuentro, y lo que vendría después. Cuando llegó el día del encuentro, repentinamente la decisión de aceptarme como homosexual cambió, de pronto sentí que no podía rendirme, que tenía que continuar luchando. Algo me decía que había algo más allá. Me paré en un bote de basura y rompí la tarjeta en muchos pedazos, borré su número de mi celular, y seguí adelante, sin muchas esperanzas. Después encontré a ese hombre caminando por una plaza, llevaba a su esposa y a sus tres hijas. Recuerdo que me había dicho que no dejaba de pensar en mí, que se había enamorado.  Que cosa más patética, eran precisamente las palabras que yo quería y necesitaba oír, de amor, de aceptación y de protección. El sabía eso.

Dios me guardaba una sorpresa. En mi nuevo grupo había una chica. Era una chica muy especial, me llamaba la atención de una manera muy curiosa, y aunque tenía muy erotizados a los hombres por la pornografía homosexual, ella me hizo dudar. Yo me acercaba a ella y le buscaba plática, y ella me correspondía. A veces me daba cuenta y sentía que ella estaba interesada en mí. Me emocionaba la idea de pensar que yo le podía interesar, yo con todas mis limitaciones, con toda la poca cosa de hombre que sentía que yo era, así una chica se sentía atraída por mí. Eso me daba una nueva perspectiva, me hizo preguntarme si en verdad yo ya no tenía la posibilidad de ser un verdadero hombre. Después de momentos de indecisión, y de sortear varias dificultades, me aventé y le pedí que fuera mi novia. Ella aceptó, y en ese momento una cubeta con agua fría me calló en la cabeza, por que ella había dicho que sí quería ser mi novia. Eso fue como un electroshock a mi masculinidad para resucitarla, pues yo ya la veía muerta.

Esto fue el inicio de otra etapa del plan salvador de Dios para mí. Fue un noviazgo muy duro, pero sobrevivía a todo. Era una novia enamorada de su chico, me idealizó y pronto se enamoró de mí. Yo era un chico que al principio miró en ella un cable de salvación, solo la tomé y esperaba que me rescatara, pero terminé enamorándome de ella. Y con el amor vino el sufrimiento. En nuestro noviazgo hubo muchos problemas. Lógicamente. Yo era un chico enamorado de una chica, que sufría atracción al mismo sexo, sin entender las razones, y sin saber luchar contra ello. Además de que mi adicción a la pornografía homosexual me hacía sentir cada vez peor, puesto que ahora era constante por que yo tenía Internet en casa, era cada día. Y la masturbación seguía siendo compulsiva. Sufrí muchas depresiones en el transcurso de los primeros 7 meses de nuestro noviazgo. Era como un ciclo vicioso. Yo la quería, disfrutaba compartir mi tiempo con ella, nos divertíamos. Llegaba a casa, me convertía en el niño “gay”, me hartaba de pornografía homosexual y me masturbaba de una manera compulsiva. Luego venía la frustración, la tristeza y la culpabilidad. Eso era todos los días. Además de que en nuestra relación diaria ella se enfrentaba a muchos problemas con mi personalidad. Yo por mis frustraciones y momentos de depresión la trataba mal. Era sumamente celoso y posesivo. Ella no entendía mis momentos de tristeza y llantos espontáneos. Pero siempre me perdonaba. Eso me hacía sentir más culpable, su perdón. Yo comencé a maldecirme por haberla enamorado sabiendo las condiciones en que yo vivía. Me dolía por que sabía que llegaría el momento en que ya no podría estar con ella y tendría que decirle adiós, y ella sufriría. Toda mi vida estaba echa un desastre, yo vivía lleno de dolor, pero como es su estilo, ahí estaba Jesús, en la porquería, en las debilidades, cuando más oscura es la noche.  Jesús me presentó su proyecto para mí. Para gloria de él te lo muestro. 



PROYECTO SALVADOR DE JESUCRISTO

Como el soldado herido en el frente de batalla, así yo esperaba una última oportunidad de sobrevivir. Miré a mí alrededor. Ya había tocado muchas puertas, y todas habían resultado en fracaso. ¿Decirles a mis papás?, ni pensarlo. Prefería la muerte. Si había algo que me aterraba era que  ellos supieran que a mi me “gustaban los hombres”.  Solo me quedaba una alternativa, una única salida, era la última: Acudir a ese que vivía  a media cuadra de mi casa, y que en muchas ocasiones dije su nombre sin ir más allá, Dios. Empecé a ir a Misa, me daba mucha vergüenza, no quería que nadie me viera entrar. Además me sentía muy mal por que iba solo y me sentaba solo. Me aburría todo lo que el padre decía., no ponía atención a nada, y casi me dormía. Me sentía tan desdichado al ver a todos los jóvenes juntos en las bancas de adelante. Quería tener amigos, pero no tenía el valor de acercarme a ellos. Así continué, algunos domingos iba a misa, otros no, dejaba de ir por algunos periodos de tiempo. No había cambio alguno, seguía sufriendo por lo mismo, mi fe no aumentaba, pero algo me mantenía ahí.

Hermano, si tú  estás leyendo esto, es por que Dios así lo quiso. He escuchado que nadie excepto el que vive una experiencia sanadora con Jesús, ve lo valiosísimo y lo maravilloso de su obra. Hermano, este es el precioso plan salvador de Jesucristo, al que me debo, y por el que hoy puedo disfrutar la vida. Te lo presento para gloria de él, de María Santísima, y del Espíritu Santo. Mira que preciosa y que perfecta es su voluntad, te pido hermano que aprecies el amor al hombre, que Dios nos muestra, su deseo de verlo libre y feliz.  Date cuenta como dispone de todas las criaturas del mundo, de lo que tiene vida y de lo que no la tiene, por la sanación de un hijo suyo. Con este plan Dios me ha dado toda la seguridad en mi mismo que mendigué siempre, ha fortalecido mi autoestima, y me ha dado una esperanza de vida reconstruida a su voluntad. Jesús en este plan se muestra como mi salvador personal, y así lo he aceptado. De el proviene toda mi fortaleza, mi plenitud y mi felicidad. De el ha salido la cura para todas las heridas que hacían de mi una persona resquebrajada, incompleta.  De Jesús proviene la gracia de decir “Bendita sea mi cruz, que me ha hecho sentir el amor pleno de Jesucristo”.  Por que con este plan,  hermano, ya no maldigo mi debilidad, ni culpo a nadie de ella. La acepto como espejo del poder de Dios, para que refleje al mundo a su único salvador. Así, Jesús me ha reconfortado en todas mis desdichas, ha comenzado a llenar todo el vacío de amor que venía arrastrando. El ha construido nuevamente mi personalidad, regeneró la percepción que yo tenía de mi mismo. Levantó de la tumba al hombre asesinado que había dentro de mí, le dijo: “Levántate, y anda”. El hizo brillar toda mi virilidad, pero no a los ojos del mundo, a sus ojos y a los míos. Por que yo soy más hombre, cuanto más me asemejo a Jesús. Por que él es fuente de toda masculinidad, el es verdadero Dios y verdadero hombre.

Hermano, cuando tengo la atracción hacia algún hombre, ya no es frustración lo que siento, tampoco culpa ni tristeza.  Ahora lo que siento es amor a Jesús. Y le repito ¡Señor, señor, bendita sea mi cruz que me ha hecho sentir tu amor tan pleno!

Hermano, hermana, no desfallezcas, el hecho de luchar de la mano de Dios, nos hace verdaderos hombres y verdaderas mujeres.

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PRIMERA ESTACIÓN

“JESÚS ES CONDENADO A MUERTE”

Hacía ya algún tiempo había buscado información que me dijera como salir de la homosexualidad. Había personas que decían que era imposible, y otras decían que no lo era. En la búsqueda llegué a la primera información que me decía que salir de la homosexualidad era posible, la leí, y me encontré con los nombres de varios apostolados que ayudaban a las personas con atracción al mismo sexo. Hubo una que captó toda mi atención: COURAGE. Entré a su página de Internet, leí algunos testimonios, y tomé los correos del contacto para tratar de comunicarme. Pero no lo hice. Guardé por algunos meses esa información, por que de antemano me decía que esta vez sería como todas las otras donde intenté luchar contra la atracción. En fin, no era mi tiempo.

Era el mes de Junio de 2008, tenía 20 años. Mamá enfermó gravemente. Yo estaba desesperado por que ella no se podía aliviar. Yo esperaba lo peor. Un domingo regresé a misa, pedí por la salud de mi madre, y la viví como siempre la vivía. Al final de la misa se puso de pie una joven e invitó a todos los hombres mayores de 12 años a vivir un retiro. Cuando salí pedí información acerca del retiro. En mi mente pensé en ofrecérselo a Dios por la sanación de mi madre, regresé a casa sin comentar nada.  Aproximadamente dos días después de ese domingo, algo me recordó la página de COURAGE, y ese mismo algo me motivó a enviar un correo al contacto. Era uno de esos correos que envías y que lo último que esperas es que alguien te conteste. Pero me equivoqué, recibí una respuesta de un hombre, que me decía saber por lo que yo estaba pasando, y que él estaba ahí para ayudarme. Al final venía su nombre, Francisco, y debajo una frase que decía: “Mis debilidades en Cristo son mi mayor fortaleza”. Continuamos comunicándonos, me explicó que era necesario hacer una entrevista, y yo le dije que estaba dispuesto a ir cuando fuera necesario. Era el día 7 de Julio de 2008, con mentiras salí a la ciudad de Culiacán para encontrarme con el líder de COURAGE. Jesús se manifestó de muchas formas en ese viaje, todo fue un misterio. El conspiraba para que yo llegara salvo a mi destino. Una mujer me llevó hasta la puerta de la catedral, se desvió de su camino sólo para que yo no  me perdiera. Ahí encontré otra mujer que al ver mi cara me dijo que yo ya no tenía por que estar triste nunca mas, por que a Dios no le gustaba eso. Me dijo que en adelante tenía que estar feliz.

El encuentro con Francisco fue asombroso, confieso que tenía miedo de encontrar en el apostolado a algún hombre que me atrajera, pero la gracia de Dios derramada sobre Francisco iba más allá de toda atracción. Sentí una gran confianza. Caminamos juntos hacia la casa del sacerdote que me haría la entrevista. Cuando el sacerdote abrió la puerta, lo primero que dijo Francisco señalándome fue: ¡Espíritu Santo!

Dentro platiqué  con el padre, su nombre era Raúl, era un hombre preparadísimo, yo nunca había imaginado el conocimiento que podía tener un sacerdote. Después de la dirección espiritual que tuvimos, el fortaleció la esperanza de tener una vida mejor.

Yo regresé  a casa. Estaba condenado a muerte. 



Your browser may not support display of this image. SEGUNDA ESTACIÓN

“JESÚS CARGA CON LA CRUZ”

Cuando regresé  a casa estaba decidido a hacer el retiro, comenzaba en 3 días. Hablé con mamá y le dije que le iba a ofrecer ese retiro a Dios para que ella sanara. Mamá se puso muy triste, no quería que me fuera, tal vez tenía miedo de no volverme a ver, yo también tenía mucho miedo. Pero estaba decidido. Estaba decidido a irme al retiro, y también estaba decidido a cargar con mi cruz. Cuando regresé del encuentro con Francisco en Culiacán, y llegué a casa, tenía muchas esperanzas de salir de la AMS.  Yo quería enfrentar todos mis miedos, algo me decía que había un mañana digno. Tomé sobre mis hombros la atracción al mismo sexo, la adicción a la pornografía homosexual, mi inseguridad y mi baja autoestima, tomé mis miedos, mis fracasos anteriores y toda mi desesperación. También tomé a mi madre enferma, y partí al encuentro con el señor.

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TERCERA ESTACIÓN

“JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ”

El 10 de Julio comenzaba el retiro, era de 4 días. Tomé mi maleta y me fui rumbo a la parroquia. En ese momento quería ser invisible. Llegué y más invisible quería ser cuando miré que en el retiro solo iba  a haber niños de no más de 15 años. Pero yo ya había tomado mi cruz. El retiro comenzó, yo entregué mi alma y mi cuerpo para vivir cada momento, siempre puse toda mi disponibilidad. En muchas de las dinámicas yo encontraba obstáculos, miedos que vencer. Yo mismo me decía que lo estaba haciendo por mi madre enferma y por mí.

En el retiro expusieron ante mí al hombre misterioso al que yo estaba buscando, para que sanara a mi madre, y para que me ayudara a liberarme de la atracción al mismo sexo. De él yo no sabía nada. Me presentaron su vida desde que fue engendrado en María Santísima, su obra y su incansable predicación. Me enseñaron su salvadora Pasión, muerte y resurrección. Yo no sabía como orar, pero sentía esa necesidad. Yo imaginaba a Jesús en el cielo, y junto a el estaba toda mi familia. Jesús nos abrazaba y con su sola presencia se iban todos los malos sentimientos, y nos perdonábamos unos a otros. También trasladé a Jesús hasta mi casa, parado junto a la cama donde estaba mamá, el la abrazaba y la besaba, y después del beso ella quedaba sana y se levantaba. Mamá después me contó que ella sentía que alguien estaba junto a ella, y que la tocaba.

También conocí  a nuestra Madre Santísima.  Después ya no sólo podía imaginar a Jesús, también estaba María abrazándonos y sanándonos con su pureza y santidad.

El día que finalizó  el retiro sentía una paz indescriptible, solo esa paz que te da la presencia de Dios y del Espíritu Santo. A mamá le había dicho que esperaba que ella pudiera estar en la iglesia para recibirme, le dije que le pediría mucho a Dios para que así fuera. Cuando llegué a la parroquia, ahí estaba mi madre sentada, tenía un semblante diferente. Cuando pude platicar con ella, le pregunté que si cómo se sentía. Ella me dijo que se sentía muy bien, papá nos interrumpió y me dijo: ¡de repente tu mamá se puso bien! Yo no podía contener todo la gratitud hacia Dios, tenía tanto amor dentro de mí. Les dije a todos el milagro que Dios había hecho en mi familia.

Este retiro ha sido una de las más grandes experiencias de mi vida. Mi encuentro con el señor fue maravilloso, nunca lo olvidaré. Era mi primera caída. Por primera vez yo caía de rodillas ante Jesús, destrozado, humillado y suplicando piedad para mi madre y para mí. El señor no se hizo esperar, y derramó sobre mí toda su misericordia.

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CUARTA ESTACIÓN

“JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE”

Después del milagro que Jesús hizo a mi familia., comenzaba la verdadera batalla. Yo ya tenía conocimiento del señor, había sido testigo de su poder y de su gracia, ahora tenía que luchar por mi fe. Empecé a asistir al grupo de jóvenes y todas las misas dominicales a mi parroquia. No fue fácil, aún seguía siendo adicto a la pornografía homosexual y a la masturbación. También seguía con mi noviazgo que se complicaba más y más. Yo ya no pude volver a Culiacán, nunca tenía el dinero, además no era tan fácil salir de casa todo un día sin que preguntaran  a dónde iba. Pero tuve la gracia de Dios, de que Francisco estuviera a mi lado por los medios en que fuera posible. El era guía, era mi confesor. Jesús se valió de él para instruirme en muchos aspectos de mi sanación. Aún así yo necesitaba también a alguien que físicamente estuviera con migo, tenía muchas preguntas, y miré a mi alrededor, alguien estaba muy cerca y no me había dado cuenta.

Habían pasado casi 3 meses, era Octubre de 2008, acudí una tarde a mi parroquia, y le pedí al sacerdote un momento para hablar con él. El aceptó  inmediatamente. Tenía una atención hacia mí que removía mi inseguridad y mi baja autoestima.  Yo le abrí mi corazón y le pregunté la manera en cómo yo tenía que entregarme a Jesús para que él me sanara. Sus consejos fueron sabios. Desde ese momento en todas las confesiones el llevaba una continuidad, sus consejos estaban dirigidos  a mi sanación. Me siento bendito por tener a  50 metros de casa a un sacerdote entregado plenamente a Dios, comprometido con la salvación del pueblo del señor.

Your browser may not support display of this image. Jesús necesitaba “refuerzos”, el no escatima recursos, así como con la entrega, el amor y la disposición de María santísima, Jesús ha derramado sobre mi toda su santidad a través de este hombre siervo suyo. El ha sido un instrumento grandísimo del señor en mi sanación. Su nombre, su nombre también es Raúl. 


QUINTA ESTACIÓN

“SIMÓN DE CIRINEA LE AYUDA  A  JESÚS A  CARGAR CON LA CRUZ”

Yo continué  siguiendo el camino de Jesús. Seguía yendo al grupo de jóvenes y a la misa dominical. Pero mi fe estaba estancada. Era una fe pasiva, y era aplastada por la pornografía homosexual y por la masturbación. Nunca comulgaba. Para Diciembre de 2008, en el grupo de jóvenes ya se estaba planeando la próxima pascua juvenil. Yo iba a servir. Los ensayos para todas las actividades iban a comenzar en Enero de 2009. Todos los hombres estábamos obligados a participar en el Vía crucis.

Llegó Enero de 2009, era una carrera de 3 meses, los ensayos serían duros, y en general todo el trabajo sería complicado. Ensayábamos dos veces por semana. El ejercicio que hacíamos era mucho por que necesitábamos condición, además sólo así soportaríamos el cansancio del Vía crucis. Jesús se valía de estos medios para fortalecer mi masculinidad, en los pequeños detalles se hacía presente, en una carrera, en un salto, en las lagartijas, en las sentadillas. Me hacía sentir el verdadero hombre que era.

El maligno estaba planeando derrotar el plan salvador de Dios. Llevó a mi camino a un joven herido. De esos hombres hambrientos de control que gustan de tener relaciones sexuales con hombres. Curiosamente esta nueva tentación salía del mismo lugar que la tentación más fuerte que tuve en mi adolescencia, pero renovada, más fuerte y decidida a acabar con mi sanación. El se dio cuenta de mi debilidad y comenzó a provocarme de muchas maneras. A veces yo cedía ante sus provocaciones, a veces lo ignoraba, pero el insistía. Un día cometí un error, era un error grave. Con ese error yo abría las puertas hacia el abismo de la perdición. Salí desesperado, tenía que detener lo que había comenzado. Entré a casa desconcertado y corrí a mi cuarto. Cerré la puerta y comencé a llorar y a hablar con Jesús. Le dije que yo no quería terminar así, menos ahora que lo había encontrado a él. Le pedí que me ayudara. En ese momento vinieron a mi cabeza unas palabras que había leído días antes: Dios tiene decisión, toma medidas drásticas y con fortaleza, tanto que para quitar el pecado del mundo envió a su único hijo a que fuera muerto. Yo tenía que hacer algo drásticamente para detener lo que había empezado, comencé a pensar, no me sentía tan fuerte como para confesarles a mis papás mi atracción hacia los hombres. Pero si había algo qué confesar. Salí del cuarto y les pedí que me escucharan. Les hablé y les dije que estaba harto y hasta el cuello de la pornografía  y de la masturbación. Les dije que era un adicto y que necesitaba ayuda por que tenía que estar limpio para seguir a Jesús. Les supliqué que no me dejaran solo, que hicieran algo. Mis papás reaccionaron de la mejor manera, me dieron todo su apoyo y me dijeron que no estaría solo en mi lucha.

Verdaderamente ya no estaría solo. No les dije que la pornografía que veía era homosexual, mucho menos les dije que sentía atracción al mismo sexo, pero lo que hice por medio de Dios fue abrir un nuevo canal de comunicación con ellos, fueron los principios de la restauración de nuestra relación. Ahora papá y mamá comenzaban a cargar la cruz junto con migo.

Casi 3 días después, tuve el valor de pararme frente a ese joven y le dije: “Aquel del otro día no era yo, mejor dejemos estos juegos, porque vamos a terminar muy mal. Ya no me molestes, por que entonces si nos vamos a pelear muy feo”. El se quedó desconcertado. Después de lo que le dije no volvió a molestarme. 



Your browser may not support display of this image. SEXTA ESTACIÓN

“UNA MUJER ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS”

La preparación para la pascua continuaba. Me fascinaba ensayar para el vía crucis. En verdad creía que ahí estaba yo aún lado de Jesús en aquellos tiempos. En varias ocasiones me había tocado ensayar como Jesús, algo me decía que yo podría ser el elegido para representar su papel, aunque también ensayaban otros. Me daba miedo que me tocara ser Jesús, y mis papás lo sabían y no estaban de acuerdo. Mucho menos mamá, que cada día que pasaba hacia la pascua se le hacía chico el corazón sólo de pensar que yo sería Jesús, y que me golpearían mucho.

Jesús alistaba su nuevo enviado. Un día Francisco me encomendó buscar a un sacerdote de la ciudad de los Mochis. Me dijo que hablara con él y que le pidiera que se formara un grupo de COURAGE ahí en esa parroquia. Yo accedí y el 11 de febrero salí en su búsqueda. Cuando encontré al sacerdote y le expuse lo que quería, me encontré con otro hombre dispuesto por Dios para mi sanación. El me ofreció toda su ayuda. Desde entonces el ha sido un refuerzo en el ejército que Jesús envió para salvarme. Otro siervo de Dios que encontraba en mi camino. Su nombre también era Raúl.

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SÉPTIMA ESTACIÓN

“JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ”

Esta es la estación más fuerte de este vía crucis. En esta estación se da el cambio más drástico de mi vida.

En casa el ambiente se ponía cada vez más tenso, todos se preocupaban y estaban a la espera de saber si yo sería Jesús. La gente a mi alrededor me lo preguntaba. El miedo me paralizaba, estaba seguro que sería Jesús. Llegó  el gran día, el que no esperaba nadie, ni siquiera yo mismo. Faltaban 20 días para la pascua, era el 18 de Marzo de 2009. La Cruz de Cristo que posiblemente yo cargaría en el vía crucis nos arrastró a mi y a  mi familia, y nos puso frente a frente. Fuera máscaras. Mamá me dijo que no quería que yo fuera Jesús. Decía que los golpeaban mucho, y que ella no era la Virgen María para soportar eso. Yo le trataba de explicar que yo necesitaba ser quien Dios quisiera que yo fuera, y que si me tocaba ser Jesús que sí lo sería. Mamá me dijo que entonces fuera consciente de que tal vez ella no soportaría ver que me golpearan. Yo me solté llorando, era un llanto que brotaba de una herida que había sido enterrada viva. Mamá me preguntaba que si por que lloraba tanto, pero yo no contestaba, solo lloraba. Ella le exigió a papá que me preguntara que si qué me pasaba, pero tampoco a el le decía nada. Ella regresó y comenzó a sobar mi cabeza. Me decía con todo el amor del mundo que le dijera qué me pasaba, yo lloraba cada vez más. Era un llanto desconsolador. Y comencé a decirle que me dolía mucho, ella me preguntaba que si qué era eso que tanto me dolía. Y yo continuaba diciendo que me dolía, que no podía decirle pero que me dolía hasta el fondo del alma, le gritaba que era un dolor terrible. Comencé a preguntarle que si ella se avergonzaría de mí. Ella me contestaba que nuca lo haría, que le podía decir con toda confianza. Entonces de repente yo me levanté de la cama de golpe, sentía una opresión en el pecho, y le grité a mi mamá: ¡ve por mi apá, corre ve por mi apá! . Ella salió corriendo del cuarto y le dijo a papá que corriera que yo les quería decir algo. Papá entró corriendo asustado y me vio llorando desesperado. El me preguntaba que si qué me pasaba, yo solo lo abrazaba y le decía que me dolía mucho. Yo le decía a papá que lo quería mucho y que me había hecho mucha falta, le pedía que me abrazara. El me decía palabras de cariño. Me decía ya chiquito no llores, dime que te pasa. Yo me levanté y les pedí que me siguieran. Los guié a mi cuarto. Ahí tomé la llave del cajón donde yo guardaba todo lo que  tenía que ver con la atracción al mismo sexo y que podía delatarme. Ahí escondía esa parte de mí. Ahí frente al cajón me desplomé llorando, sin tener fuerzas para abrirlo y gritaba  ¡me duele mucho, me duele mucho!, ¡Jesús por favor ayúdame! . Mis papás estaban atentos, de pronto tomé la llave y abrí el cajón. Tomé todos los papeles y los libros y los aventé a los pies de papá y de mamá, y les grité que desde que yo era un niño sufría de atracción hacia mi mismo sexo. Como cuando Jesús murió en la cruz, y el templo se partió en dos, así mi tormento se hacía pedazos. Papá y mamá solo se veían. Papá me abrazó, y me decía que ya no estaría nunca más solo, que él me iba a ayudar. Que no le importaba nada, no le importaba quedarse en la calle pero que el me llevaría hasta el fin del mundo para sanar. Yo en mi dolor sentía un gran alivio. Mamá me ofreció también su vida para que yo sanara. En esos mismos momentos traté de explicarles algunas razones de la AMS, les pedí que no se sintieran culpables.

Justamente ese día había tenido una depresión muy grande, le había pedido a Dios la muerte. Y ciertamente murió una parte de mí. Cayó todo mi pasado sobre su propio peso. De pronto me sentía libre, abierto, ya no había nada que ocultar. Podía de ese día en adelante vivir sin miedo a ser descubierto. Estaba feliz con mi libertad. Jesús sabía que era necesario este momento, para luchar con más fuerzas. Ahora él se hacía cómplice de mis padres, dos instrumentos muy cercanos a mí, y a través de los cuales podría hacer maravillas.

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OCTAVA ESTACIÓN

“JESÚS SE ENCUENTRA CON LAS HIJAS DE JERUSALÉN”

Después de confesar a mis padres mi atracción todo cambió. Aunque hubo unos días de tensión, ellos no sabían ni siquiera como ayudarme, además de que la culpa los derrumbaba. Yo comencé a darles información, para que leyeran las causas de la AMS y supieran en qué se habían equivocado y cómo ayudarme. Yo me comuniqué con Francisco y le conté que la libertad había llegado a mi vida. El sabía perfectamente por experiencia los momentos difíciles que estaba pasando mi familia, así que me ofreció que su papá hablara con mis papás, yo acepté maravillado. Tres días después de la revelación, el 21 de Marzo de 2009, Francisco, su papá y un amigo de ellos llegaron a casa. Mis papás estaban nerviosos, tenían miedo a ese encuentro. Pero Dios había dispuesto que así tuviera que ser. Mis papás abrieron su corazón, y preguntaron muchas dudas que tenían acerca de mi AMS. Francisco y su papá las despejaron todas, al término del encuentro mis papás cambiaron su temor por esperanzas, y su culpa para otro momento, por que en nada era de ayuda.

Este fue el encuentro que dio inicio a la labor Sanadora que Cristo había encomendado a mi familia, y que nos arrastró a todos. Brotaron heridas desconocidas de mis padres hasta ese momento y que pedían ser sanadas. Parecía que yo no era el único que necesitaba de la gracia de Dios.

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NOVENA ESTACIÓN

“JESÚS CAE POR TERCERA VEZ”

Llegó el mes de Abril, era el día 08, y la pascua juvenil comenzaba. Yo nunca había vivido una pascua, y al mismo tiempo que la iba a vivir, también la serviría. Salí de casa llorando al encuentro con Dios. Mamá y papá también sufrían, pero ahora me daban ánimos y me decían que yo podía con lo que viniera. Empecé mi servicio con mucho miedo, sobre todo por que el día del vía crucis se acercaba, y me aterraba ser Jesús, sentía que yo no podría con esa Cruz, le pedía a Dios que se la diera a quien la pudiera cargar. Cuando la pascua empezó, y que vi reunidos a tantos jóvenes necesitados de conocer a Cristo, una alegría me invadió. Me agradó motivar a todos los chavos a seguir a Jesús. La viví al máximo, canté y bailé todos los cantos, era mi momento, Jesús estaba decidido a reponer todo la felicidad que no había vivido en mi adolescencia. Aquellas veces que me negué momentos de felicidad, de convivencia, en donde no podía ni siquiera bailar por que mi inseguridad se hacía presente. A tantas fiestas que me negué a ir por quedarme viendo pornografía en casa. Nada importaba, era un regalo de Dios y él me había dado las armas para disfrutarlo. En esta pascua conocí por primera vez lo que es servir a Dios, conocí personas que son grandes amigos. Traté de ser un gran apóstol, y ese hecho me llenaba de alegría y de esperanza. Viví momentos de sanación, en muchos temas Dios curaba mis heridas.

En esta pascua caí de nuevo ante los pies de Jesús, ya no estaba llorando, pero si le agradecía tantas cosas maravillosas que había hecho en mi vida desde aquel encuentro. Le pedía que me enseñara por donde era el camino y que me diera fuerza, por que sabía que no sería fácil, había demasiado que enfrentar.  Hice a un lado por unos momentos el terror que me daba cargar con su cruz. 

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DÉCIMA ESTACIÓN

“JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS”

Era la madrugada del viernes santo 10 de Abril de 2009.  Hacía mucho frío, todos los hombres estábamos en un retiro previo a la celebración del vía crucis. En este retiro fui despojado de toda mentira. Ninguna etiqueta que me fue adherida por alguna persona quedó pegada. Ahí Jesús me mostró el verdadero hombre que el quería que yo fuera. La última prueba fue muy difícil, recuerdo que yo estaba temblando del miedo. Comencé a llorar sin control, pero no me derrumbaba, lloraba y lloraba pero de pie, esperando la decisión de Dios. Alguien gritaba ¿tienen miedo? Todos gritaban que no pero yo me quedaba callado. Esa persona dijo que quien no sentía miedo no sentía  a Dios, y yo le tenía pavor a la cruz. En verdad sentí la presencia de Dios. Sin dejar de llorar me encomendé a su manos, le pedí que le diera la cruz a quien él quisiera, le dije que si era yo el elegido me diera fuerza para poderla, y que también le diera fuerza a mis padres. El que dirigía el retiro pidió que diera dos pasos al frente quien sintiera que él podía ser elegido por Dios para cargar con la cruz. Yo seguía temblando y llorando desconsoladamente, pero di dos pasos al frente, y junto con migo otros dos hombres. En mi mente yo decía ¡señor tengo miedo, pero tu me has hecho tanto bien que no quiero fallarte! . El organizador nos dijo que sólo dos de nosotros habíamos sido elegidos, con la ayuda de nuestro sacerdote. Yo era uno de ellos. Empezó el momento culminante. La cruz que había arrastrado todo mi pasado y lo había mostrado sin tapujos a mi familia, era la misma cruz que yo podía cargar. Se hizo un círculo de oración y se le pidió a Jesús que el eligiera quien cargaría con su cruz. Aventaron una moneda al aire y yo dije sol. Fue largo el tiempo el que esperé con los ojos cerrados a que la moneda cayera al suelo, en mi mente le pedía que fuera quien el quisiera. La moneda cayó águila. Yo le di gracias a Dios por haber elegido a mi hermano, por que esa era su voluntad. Yo seguía llorando, y no podía controlarme. La cruz no era para mí, pero si la usó Jesús para redimirme de mis pecados. Con esa Cruz Jesús me liberó de las ataduras del mal. El peso de la cruz rompió todos los obstáculos que me impedían abrir mi corazón. Jesús nos enseña a abrazar nuestra cruz, a tomarla en hombros y a seguirlo todos los días de nuestra vida., para ser libres. Ya no sería Jesús, pero en cambio algo me motivó a tomar otra cruz. Y tomé la cruz de Gestas. 

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“JESÚS ES PUESTO EN LA CRUZ”

El retiro terminó  a las 6 de la mañana, y el vía crucis comenzaba  a las 7. Fui temprano a casa a conseguir un tronco y a darles la noticia a mis papás. Cuando ellos supieron lo que había pasado se llenaron de miedo. Les dije que no se preocuparan por que Dios estaba con migo. Tomé un Cristo que me acompaña siempre en mi cuarto y se los di, les dije que me gustaría que me acompañaran en todo el recorrido y que llevaran consigo al Cristo. Les pedí que si yo me caía que me gritaran desde donde estuvieran que me levantara, y  les dije que cada golpe o caída que tuviera era un paso más para mi sanación. El vía crucis comenzó. Fue algo duro, porque los golpes eran fuertes, pero mis papás iban junto a mí acompañándome. Yo levantaba la cabeza y los miraba llorando abrazados del Cristo. Yo oraba y oraba y le daba gracias a Dios por vivir esa experiencia junto a él. En verdad creía que iba acompañando a Jesús en su suplicio. En el fondo quería que se terminara rápido, no sólo por los golpes. Yo quería morir de una vez por todas, y renacer con Jesús, completamente sanado. En el camino me encontré con muchas cosas que hacían presente a Dios. Todo concordaba, todo estaba dispuesto. El momento final llegaba, ya estaba muy cansado y adolorido. Solo faltaba la cruz. Cuando bajé los brazos del tronco sentí un dolor que recorrió todo mi cuerpo, era placentero, me hacía sentir más junto a Jesús. Me tiraron sobre la cruz y comenzaron a amarrarme. Primero vi levantarse a Cristo con su cruz, y con el toda su gloria y poderío. Después levantaron mi cruz y la de Dimas. Las más profundas fibras de mi alma se conmovieron en ese momento. Veía a mis padres de rodillas ante el salvador de su hijo y no podía contener el llanto.

El mismo Jesús puso junto a él a mi pobre alma en pena. El decidió que muriera ahí toda mi vida pasada y que renaciera en el un hombre nuevo. A partir de ahí ya nada importaría, solo tendría valor lo que Jesús me presentara en adelante. 


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“JESÚS MUERE EN LA CRUZ”

Jesús murió  en la cruz, y yo morí junto a el. Cerré mis ojos y colgué mi cabeza. En mi mente pasaban tantas penas sufridas en mi vida. Veía como se alejaban de mí tantos miedos y frustraciones.  Ya no importaba ni siquiera la atracción, por que yo me regocijaba en la presencia del Dios vivo. En mis años de tormentos jamás pensé experimentar esa libertad. Es una libertad y una paz que no proviene del mundo, es diferente, es la paz como Cristo la da. Su libertad me rejuveneció. Colgado y simulando estar muerto oía los cantos para que Jesús se levantara con gloria sobre todos nosotros. Yo le daba gracias por permitirme estar con el y experimentar su salvación tan cerca, crucificado junto a él. Con Jesús murió el viejo Roberto y nació un hombre nuevo. Con las mismas limitaciones y debilidades, pero ahora en Cristo. Y eso era lo mejor de todo. 




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“JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ”

La hora de recoger los cuerpos llegó. Primero el Cristo, después  Dimas y después yo. Nos cargaron hasta un cuarto donde estaban nuestros familiares y el sacerdote. Ahí estaban mis padres para recibirme, como María recibió y abrazó el cuerpo de Jesús al ser bajado de la cruz. Me abrazaban y lloraban con migo. El sacerdote pidió que fuéramos curados de nuestras heridas. Luego habló con los padres con sus ojos llorosos, y les dijo que habían experimentado el mismo dolor que sintió maría en el Calvario. Nos invitó a seguir con decisión el camino de Jesús y de María santísima. Fuimos a casa, a descansar.  


Your browser may not support display of this image. DÉCIMA CUARTA ESTACIÓN

“JESÚS ES PUESTO EN EL SEPULCRO”

Después  de un descanso regresé a servir en la pascua, iba cansado pero con ganas de terminar bien ese proyecto. Todo continuó maravillosamente. El sábado en la noche todos los padres de servidores y de los que vivieron la pascua estaban invitados a presenciar la resurrección de Cristo. Ahí estuvieron mis papás, convivimos mucho, cenamos juntos, y luego nos dispusimos a dar fin a la pascua. Yo estaba desesperado por ver salir glorioso a Jesús de la cueva. Cuando el resucitó y salió con los brazos en alto, también yo lo hice. Me inundó una alegría indescriptible, en verdad el hombre que me estaba salvando acababa de vencer la muerte,  y yo a su lado. La pascua terminó con abrazos, y esperanzas de vida. La terminé con amigos y con muchas ganas de servirle a Dios. 







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DÉCIMA QUINTA ESTACIÓN

“JESÚS RESUCITA”

Después de la pascua han ocurrido cosas intensas. Un acercamiento familiar como en ningún otro tiempo. Ha habido pasos gigantescos en mi sanación. En verdad también ha habido muchos momentos dolorosos y difíciles, pero es parte del sufrimiento para alcanzar la salvación.

Tengo muchos sueños en mi mente, quiero ir de la mano salvadora de Jesús a todas partes. Dentro de mí hay un amor gigantesco. Es un amor hacia Dios, hacia la vida. Ahora yo amo. Jesús me ha dado esa gracia.

Dentro de mi vida ahora hay un solo camino, y es el camino que Dios ha planeado para mí. Confieso que he topado con obstáculos que he tenido que enfrentar, tentaciones grandísimas, miedos paralizantes, y he tenido que hablar con la verdad, aunque duela. Pero no he estado solo, de la mano de Jesús también camina mi madre y mi padre, ellos también han cambiado su vida y han comenzado la sanación de sus heridas. Papá comienza a ir a un grupo de hombres casados de mi parroquia, el tiene muchas ganas de salir adelante y de vencer todas sus debilidades. El quiere conocer al Dios que le ha regalado a un hijo nuevo. Tiene ganas de aprender a orar, y a vivir con plenitud la vida. Tanto el como yo sabemos que no será fácil, pero de la mano de Jesús todo es posible. Mamá ha empezado también una nueva relación con Dios. Ahora ella va a misa todos los días y ora por la sanación de mis heridas, las de mi padre y por las de ella también. Todos pedimos por la unión de nuestra familia, por la paz, por la entrega y por el perdón. Rogamos a Jesús que sane nuestros corazones, y que disponga de todo para nuestra liberación.

Hermano, qué  puedo contarte de mí. Te puedo decir que estoy plenamente feliz de haberme encontrado con Jesús.

El ha fortalecido todo lo que en mi era débil. Mi seguridad en mi mismo y mi autoestima han sido levantadas de los suelos, hoy me siento seguro de lo que valgo, por el amor tan pleno que me hace sentir Jesús y María santísima, mi madre. Dios me ha demostrado ese amor y me lo refrenda cada vez que dispone una nueva parte de este mundo para que yo sane.

Jesús restauró  la relación que yo tenía con mis padres, abrió canales de comunicación por los que pasa absolutamente todo. Hermano si a mis padres les he confesado mi AMS, qué podría tener miedo de decirles. Ahora tenemos un ambiente de confianza. Loa relación con papá es con la que más he trabajado. En verdad te digo que ha sido difícil, vencer tantos años de alejamiento de papá ha sido un reto, pero estamos en la lucha. Ahora el y yo convivimos mucho, platicamos, y trabajamos juntos. También jugamos juntos billar y procuramos hacer muchas actividades juntos.

Mis miedos han sido persistentes en que yo retroceda, pero encomendado a Jesús y de su mano los he ido derrotando, algunos lentamente y otros en cuestión de segundos, según la voluntad de Dios.

Hermano tal vez te parezca familiar esto: yo no era capaz de jugar ni un solo deporte, ni siquiera acercarme a una cancha, aunque por dentro me estuviera consumiendo de las ganas. Hoy tengo la seguridad en mi mismo para jugar cualquier deporte. Hermano Jesús me ha permitido tener el valor de llegar, pedir la oportunidad de jugar, y de jugar con toda  la libertad, aunque no sea especialista en ese juego. Puedo hacer amigos, hablar de cualquier tema, aunque aún me es difícil, y estar con la frente en alto, sin sentimientos de inferioridad ni complejos.

Los recuerdos frustrantes y dolorosos de las heridas que recibí en mi infancia los he aceptado como mi pasado, y le he pedido al Espíritu Santo que los sane, y que me de la gracia de perdonar y de pedir perdón.

Hermano por fin vencí a la pornografía, solo en Cristo lo pude hacer, el llenó  el vacío que yo quería llenar con ella. La masturbación perdió  toda su compulsividad, ya no es constante ni enfermiza.

Tal vez te preguntas hermano qué ha pasado con mi atracción. Hermano, en verdad te digo que el poder de Dios puede todas las cosas. Mi atracción ha disminuido, no ha desaparecido. Pero sabes algo, la plenitud que da el señor es tan grande, que ni si quiera me importa. Si cada vez que me atrae un hombre me enamoro más de Jesús, no me importa. Si fue la AMS la debilidad en la que el poder de Cristo se manifestó, que sea él quien decida cuando ha de desaparecer.

Sobre mi novia te puedo contar algo. El momento de que yo le confiese mis luchas no ha llegado. Espero en Dios y tengo fe en él en que pronto habrá una solución sana.

Hermano, otra cosa que ha cambiado en mí, es la percepción de la vida, ya no la veo obscura. Tengo muchas ganas de vivir, y de vivir bien. Como Dios manda. Tengo muchos sueños, entre ellos tener familia, deseo casarme y tener hijos. También quiero entregar todas mis capacidades y mi vida al servicio de Jesús y su plan salvador, en donde el decida. Quiero encontrar el plan de vida que Dios me ha regalado. 

CRISTO ME AMA

Sorpresa para ti hermano, lo curioso es que también es una sorpresa para mí. Yo terminé de escribir este testimonio el 03 de Julio de 2009, hoy 07 de Julio, exactamente a un año de aquel 07 de Julio de 2008, donde me encontré con Francisco, encuentro que marcó el inicio de una nueva vida en Cristo, Dios me ha dado la fuerza para un nuevo cambio. Con esto mi Dios comprueba que su misericordia es infinita, y su bondad no tiene medida. El dispone de toda la existencia que está a sus pies, el me ama tanto que no duda en seguirme motivando en mi proceso de sanación. El sábado 08 de Julio presenté mi testimonio, tuve una plática muy profunda con Francisco. La plática se extendió hasta horas de la madrugada del domingo. Ahí hablamos de muchas cosas, pero había algo que seguía siendo un obstáculo grande en mi sanación. Yo no había podido abrirle mi corazón a  la mujer que amo. Me sentía chiquito. En el fondo realmente me creía una carga para mi novia en el futuro. Todo el domingo y el lunes no estuve a gusto en ninguna parte, algo hacía que mis lágrimas no se secaran, y mi corazón palpitaba con mucha fuerza. Yo le daba y le daba vueltas a un solo pensamiento en mi cabeza: Ser libre. Comencé a orar: Señor, será este el momento, quieres que abra mi corazón de una vez por todas. Señor quiero ser libre, quiero ser puro y transparente. No quiero una doble vida. Quiero casarme con una mujer que conozca esa lucha que yo llevo, y que sepa el verdadero hombre con el que está. De una forma muy personal el señor me dijo que le dijera todo, que abriera mi corazón completamente. Hágase tu voluntad señor, mañana mismo le diré todo por lo que lucho. Amaneció el martes 07, yo ya había puesto de acuerdo a Cecilia para vernos en un parque. El momento llegó, busqué el lugar más adecuado, y lo encontré. Nos sentamos. Yo empecé a llorar. Necesitaba fuerzas y valor. Imaginé que Jesús y María llegaban y se sentaban en una banca que estaba frente a nosotros. Yo seguía llorando, ella sólo frotaba mi cabeza y me abrazaba, y mis lágrimas se hacían más profundas. Comencé a contarle todo lo que había vivido desde mi infancia en casa. Le platiqué con llanto y pequeños gemidos cuanto dolor me había causado. Le conté muchas cosas que había enfrentado en la secundaria y en la preparatoria. Y le dije cómo había cambiado mi vida cuando ella llegó a mi mundo. Ella sólo me escuchaba atenta, pero no entendía casi nada. Llegó el momento de la verdad, aterrado por no saber su reacción, me encomendé a Dios, y comencé. Cerré los ojos, y dirigí mi cara hacia el horizonte. Las palabras comenzaron a  fluir. Le dije que yo no tenía la culpa, y que no le quería hacer daño, pero que yo había sufrido siempre por que sentía atracción hacia el mismo sexo. Yo callé, no abrí los ojos, como esperando que saliera corriendo asustada. Ella no se movió, y tampoco dijo una sola palabra. Ni siquiera quitó sus brazos que estaban rodeando mi cuerpo. Entonces continué. Le platiqué algunas de mis luchas, y como había sufrido cuando enamorado de ella pensaba en que llegaría este momento. Ella seguía sin decir nada. Yo no entendía por que ella no decía nada, pensé que tal vez ella no había escuchado bien las palabras Atracción al Mismo Sexo. Y le pregunté, escuchaste lo que te dije. Ella sólo dijo “sí”. Seguí hablando. Ahora le conté mi encuentro con Dios, y los cambios que él había traído a mi vida. También le hablé de mis padres y su apoyo incondicional. Le expliqué algunas razones que dan origen a la AMS. También acerca de COURAGE, y los sacerdotes que me ayudan con dirección espiritual. Yo estaba consternado, por que todavía no veía el momento en que ella se llenara de terror y me dejara hablando sólo. Abrí los ojos, y le pregunté que si que pensaba acerca de todo eso que le había dicho. Ella me dijo: “tú no tienes la culpa”. Yo tenía mucho miedo. Llegaba el momento culminante. Le dije que esta era mi prueba de amor, por que si yo no hubiera sentido un interés en ella, sólo la abría dejado y hubiera buscado mi sanación, pero no era así. Ella seguía ahí con migo. Tomé aire, y le dije: la decisión es tuya, yo te amo y quiero seguir con los planes que tú y yo hicimos con tanta ilusión. Pero esta no es tu cruz, es mía. Y no te juzgaré si decides irte y olvidar todo. Pensé en darle un tiempo para pensarlo, pero de pronto me interrumpió, por fin iba a decir unas palabras. Me dijo: “me quedo con tigo”.  .  . 










AGRADECIMIENTOS

Hermano, ahora te presento mis agradecimientos y reconocimientos, a todo aquel que ha sido instrumento del señor en mi sanación. Pero el reconocimiento principal y más grande, es a Dios. A dios padre, y a Dios hijo, que en Jesús me proveyó de toda restauración a mi “ser hombre”. A Dios espíritu santo, por acompañarme y ser la luz que guía mis pasos. También agradezco a mi Madre Santísima María de Guadalupe, por interceder siempre por mi sanación, y por haberme traído al mundo el mismo día en que ella presentó su mensaje de amor a toda América. A los tres les doy las gracias, y les pido que me concedan llevar la buena nueva a más hombres y mujeres.

Quiero reconocer a mis padres. Quiero que ellos sepan que ante todos los errores del mundo ellos son mis padres, y yo los amo con todo mi corazón. No los juzgo, aprecio el gran esfuerzo que hicieron por darme la mejor vida, ante sus grandes limitaciones emocionales. Les quiero decir que han sido los mejores padres que pude haber tenido, y que si naciera mil veces de nuevo y yo pudiera elegir, las nacería todas otra vez con ellos. Los bendigo y agradezco a Dios tenerlos con migo. Hermano, un padre ama sobre todas las cosas a sus hijos, aunque a veces no lo parezca, o ese amor este cubierto por heridas y limitaciones de las cuales ellos no tienen toda la responsabilidad. Yo me di cuenta de eso hasta que abrí mi corazón. Yo en verdad pude conocer a mis padres profundamente hasta que les abrí mi corazón. Solo así me di cuenta de que son seres que también sufren, también fueron heridos, y también tenían muchas ganas de liberarse de sus limitaciones para ser y hacernos felices a mi hermano y a mí. Así Jesús no ha arrastrado a todos a sus pies a través de mi cruz. De ella se valió para que mis papás también alcanzaran la libertad. Y tengo fe de que así sea.

Mi amor y mi agradecimiento a la mujer que me robó el corazón en mis luchas. Ella luchó con migo sin siquiera saberlo. Soportó muchas cosas por estar a mi lado. Ella ahora sabe con el hombre que está, y yo se con la mujer que estoy. Te amo con todo mi corazón, y  seguiré luchando también por amor a ti. Por lograr nuestras metas y sueños juntos. Por alcanzar aquella familia que hemos planeado. Que dicha caminar de tu mano rumbo a la sanación. Gracias mi amor.

No quiero dejar de mencionar el gran apoyo que he tenido de muchas personas. En la Iglesia Católica el señor ha dispuesto de todo lo que tiene para que yo sane. Le agradezco a Dios el guiarme en la lucha a través de tres sacerdotes. En los tres he encontrado una luz en la oscuridad, con sus consejos han puesto ante mis ojos muchas partes de mi persona, para presentarlas a Jesús y que haga su obra. Los tres están en mis oraciones. Sus nombres son Raúl. En especial agradezco al sacerdote de mi parroquia, que con su entrega a Dios ha sido mi pastor más cercano. Dios los bendiga y proteja a los tres.

También pido al señor día con día por mi hermano Francisco. El ha sido mi pastor especialista en AMS. Con sus consejos yo no cometí errores que me marcarían de por vida. Dios le de gracia siempre por usar su experiencia en la salvación de los demás. Mis más sinceros respetos y un profundo amor.

A través de COURAGE Dios libera a muchos hombres y mujeres presos de la homosexualidad. Yo he sido uno de ellos. Pido a Dios y a María Santísima por este apostolado, por sus fundadores. Por todos los líderes de todos los grupos del mundo. Y por todos los que luchamos contra la AMS de la mano de Cristo y por nuestras familias. Que en nosotros sea mostrada al mundo la gloria de Dios padre, Dios hijo y Dios Espíritu Santo. Para que seamos luz en aquellos hombres y mujeres presos del infierno de la homosexualidad, y que a través de nosotros Cristo les haga llegar su plan salvador, como lo hizo con migo y con tigo. 

















ANEXO I

(1) Ahora me doy cuenta que esta sensibilidad innata de la que hablan el Doctor Joseph Nicolosi y la Doctora Linda Ames Nicolosi, en el libro Guía para padres sobre cómo prevenir la homosexualidad, en las condiciones adecuadas en el ambiente familiar y social puede detonar todas las capacidades, dones y talentos derramados por Espíritu Santo en una persona, pero al mismo tiempo puede ser la fuente de destrucción de etapas de una vida, en un ambiente culposo, agresivo y violento, o de tensión principalmente en la familia.

(2) Según el Doctor Nicolosi, en la misma bibliografía que se mencionó anteriormente, afirma haber encontrado en familias de hombres con atracción al mismo sexo (AMS) madres depresivas. Según mi propia experiencia, considero de suma importancia este punto, puesto que la mezcla de una madre depresiva, y tendenciosa a la tristeza y al desaliento, con un padre violento, puede tener como resultado a un hijo cada vez más decidido a rechazar al padre y todo lo que él representa, puesto que de por si el padre ya desbarata la percepción del hijo para con él con una personalidad impulsiva y violenta, que no hace más que inculcar miedo en lugar de admiración, la madre confirma el rechazo con una actitud sumamente autocompasiva, acompañada de abundantes lágrimas, comentarios contra el padre y su actuar, largos periodos de tristeza y desconsuelo, que a la vez que confirman la percepción del hijo de la “gran maldad” del padre que hace sufrir de esa manera “tan abrumadora” a su madre. También comienzan a hacer sentir al hijo una especie de responsabilidad emocional hacia la figura materna, algo así como la obligación de mantener el buen estado de ánimo de su madre, aunque eso incluya el estar en contra de quien le ocasiona el sufrimiento. Buen inicio para la relación familiar triádica, y para una relación madre-hijo enfermiza, que termine por desconfigurar la sana identificación del hijo con su género. Con este apartado no pretendo culpar a la madre por la AMS de un hijo, ni tampoco al padre con una evidente incapacidad de hacer “seductora” la primera figura y punto de referencia de masculinidad, ni tampoco afirmo que obligadamente habrá como resultado AMS en un hijo de madre depresiva y padre violento, hablo solo de posibles factores que tienen influencia en la AMS.

(3) El padre Gustavo E. Jamut presenta en su libro Dios quiere sanar las etapas de tu vida experiencias vividas en su ministerio pastoral para la sanación. De acuerdo a varios testimonios analizados, las tres heridas más grandes y que mayor necesidad de oración por sanación tienen son: la falta de amor materno y paterno, el abuso sexual y la pérdida de un ser querido. Esta afirmación concuerda con la afirmación hecha por los hermanos Dennos y Mattew Linn, en el libro Orando con otra persona para obtener la sanación.

(4) Me permito transcribir una parte del libro Dios quiere sanar las etapas de tu vida acerca de la herida del rechazo, y sus consecuencias en la personalidad, con el fin de entender de una manera más amplia la actitud de mi padre ante el entorno y los efectos que repercutieron en mi desarrollo:

“El rechazo es una de las heridas más profundas que puede caber en el espíritu del ser humano.

El rechazo produce el sentimiento de sentirse no querido, no valioso y de no pertenencia a un sitio.

La primera forma en que un niño siente el rechazo es cuando una madre queda embarazada y no acepta a su hijo.

El niño, en el vientre materno, recibe ese rechazo y nace con ese dolor que perdura para el resto de su vida.

También el niño puede ser herido y sentirse rechazado, cuando no se le demuestra amor; es decir, no recibe abrazos, caricias, o el contacto de la madre o del padre, necesarios para sentirse seguro y querido.

Una de las razones más importantes por la cual no se expresa ese amor a los hijos, es porque los mismos padres nunca recibieron amor y se sintieron rechazados.

Sin embargo, cuando Dios viene  a darnos ese cariño y sana nuestros corazones, entonces podemos expresar cuanto amamos a quienes nos rodean.

Otra forma de herir a un niño es cuando hay preferencias en el hogar. Cuando los padres brindan todo el amor a determinados hijos y no se dan cuenta de que están dañando el corazón del otro chico. Lo peor es que ese otro hijo pierde su fuerza interior, la iniciativa y no puede ser espontáneo en los vínculos afectivos que establecerá.

Las personas que cargan con heridas de rechazo no sanadas sentirán que nadie las quiere, sentirán que están de sobra en el mundo. Al igual que el cisne del cuento,  se verán a sí mismas como un patito feo y se aislarán, se refugiarán en la soledad. En lugar de tener amigos, se inclinará por actividades no sociales: como ver televisión en casa, leer, navegar en Internet, etc. Suelen sufrir de depresión. Nada las anima, todo es una tragedia para ellas, hasta el punto de que algunas llegan a pensar en el suicidio.

Son aquellas personas que se ponen máscaras, que no pueden o no quieren reconocer que están heridas. Aparentemente sonríen, son alegres, pero, en el fondo, la herida del rechazo del pasado esta viva.

En muchos casos, se vuelven conflictivas. En un orden sucesivo de sentimientos negativos, empieza un resentimiento, luego, viene el odio y, por último, la rebelión. No se les puede decir nada, porque responden agresivamente. Cualquier cosa que se les diga la toman como una ofensa. Y esto esperable, ya que las heridas de rechazo las han llevado a defenderse del mundo exterior que se torna hostil y peligroso.” 

(5) Considero necesario presentar la siguiente información acerca de proceso de erotización, que menciona el Doctor Nicolosi en una presentación sobre las raíces de la homosexualidad, en la página de Internet de EXODUS.

La llegada de las hormonas

La pubertad puede ser un punto de revelación para un muchacho joven. Como Bob Davies y Lori Rentzel lo explicaron: “La mayoría de las personas que tienen antecedentes homosexuales, se sienten diferentes o pueden ser llamadas “raras” desde temprana edad. Pero por lo general, esos apodos adquieren un significado, a mediados de la escuela secundaria, cuando aparecen los primeros deseos de atracción sexual fuertes, que surgen en la dirección incorrecta”.

Con la cantidad de mensajes, a favor de la homosexualidad, que están siendo forzados en los adolescentes de las escuelas públicas, el doctor Uriel Meshoulam advierte contra el peligro de que los jóvenes busquen identificarse como “gays” u homosexuales. “Como psicólogo, muy a menudo, veo a gente en terapia que está sexualmente confundida y en conflicto, y para completar tiene las presiones sociales... los mensajes de afirmación que tienen buenas intenciones, tales como ‘sé verdadero contigo mismo’, implican una atracción irreversible, ‘verdadera’ y probablemente innata hacia el mismo sexo.

Este poderoso cliché, la mayoría de las veces, hace que los adolescentes jóvenes sientan la necesidad de decidir a toda carrera ‘quiénes son ellos realmente’”.

Cuando aparecen las hormonas en el mundo de un muchacho que tiene una identidad sexual saludable, él mirará a su alrededor y verá que las muchachas poseen una especie de misterio, algo que despertará su curiosidad y lo hará sentirse atraído hacia ellas. En otras palabras, una sexualidad sana busca el género opuesto, o ‘el otro’, que complementa y completa el propio género. De allí que el varón adolescente heterosexual perseguirá a las chicas para satisfacer su curiosidad y descubrir lo desconocido.

Durante esta etapa de desarrollo, los muchachos tienden a alejarse del círculo familiar de la casa y pueden convertirse en críticos de sus padres y sus hermanos. Tienen inquietudes sobre su “yo”, sobre todo se preocupan de que otros no gusten de ellos. El ensimismamiento es el sello de esta edad. Se vuelven sensibles a la crítica y agudamente perspicaces de las emociones de otros. Los muchachos adolescentes que necesitan aislamiento, a menudo se separan de la familia y se vuelven malhumorados e incomunicativos.

En esta etapa de su vida, el joven prehomosexual ya se ha desconectado de su padre, sus amigos y su sexualidad. Su propia masculinidad es un misterio para él. Es como el muchacho adolescente que debido a sus insuficiencias masculinas, se siente más cómodo, a salvo y sin desafíos con las chicas como amigas. El mundo de los muchachos y los hombres es completamente extraño para él. Entrar en ese mundo es como cruzar un gran cañón. Así como los heterosexuales se sienten intrigados por las mujeres quienes están en posesión de algo que ellos no tienen, de la misma forma los jóvenes prehomosexuales ven a los miembros del mismo sexo con el mismo interés sexual.

Durante esta “fase erótica transaccional”, como la ha acuñado el doctor Nicolosi, todos los aspectos psicológicos y de identificación que ya han sido establecidos, ahora dirigen la energía sexual. “El comportamiento homosexual es realmente un intento simbólico de familiarizarse con sus propios cuerpos, a través de otros cuerpos masculinos”, afirma el doctor Nicolosi.

Como dijo un ex homosexual: “Mis amigos eran héroes para mí, yo quería conectarme y estar más cercano a ellos, porque sentía que adquiría poder. . . No fue sino hasta que tenía 12 o 13 años que esto se convirtió en una cuestión sexual”.

Aunque la homosexualidad se está haciendo cada vez más aceptable socialmente, e incluso es promovida como un modo de vivir atractivo y deseable, ahora más que nunca, la mayoría de los muchachos de la secundaria no quieren ser homosexuales. La mayor parte de ellos tienen la esperanza de que lo que sienten sea “una fase pasajera”. Muchos se guardan para sí esos deseos confusos. A los jóvenes cristianos se les dice simplemente que “oren”. Algunos tratan de salir con el sexo opuesto para solucionar el problema. Pero nada de esto ayuda a quienes están en esta batalla, porque nadie les está explicando de dónde salen esos sentimientos y la atracción que sienten. Se quedan confusos, y muchos sacarán sus propias conclusiones de que ellos a lo mejor son homosexuales. Las palabras como “homosexual, raro y mujercita” duelen tanto como cuando las oyeron por primera vez. Con una autoestima aun más baja, se lanzan hacia el futuro tratando de aceptar que ellos deben ser homosexuales, y como tales, más vale que satisfagan ese deseo y se comporten como homosexuales.

(6) En mi juventud, antes de aceptar el plan salvador de Dios que tenía para mi, yo intentaba de muchas maneras hacer desaparecer la atracción que sentía hacia los hombres. Trataba de pensar en mujeres mientras me masturbaba, o bien mientras veía pornografía trataba de concentrarme en la figura femenina y así llegar al orgasmo, pero me era sumamente difícil. Lo mismo me pasó cuando intenté tener relaciones con una mujer, me fue imposible excitarme. Eso me llenó de frustración, me hacía sentirme más desubicado, esos momentos me hacían sentir que verdaderamente yo había nacido así, que las mujeres no habían sido echas para mí, a diferencia de los hombres que me hacían llegar al orgasmo en cuestión de segundos. Creo que es importante destacar eso en la lucha de un hombre que tomado de la mano de Cristo se enfrenta a sus heridas. Eso se da por una fijación, por una relación mental donde intervino el placer, la pornografía, relaciones sexuales, etc. Que a su vez tienen origen en las heridas de la infancia de las que ya he estado hablando.  Por supuesto no invito con esto a buscar la libertad de esta manera, solo creo importante mencionar hermano, que si cometiste o estás cometiendo ese error no permitas que el maligno te engañe, y que se aproveche de la debilidad de nuestra condición humana, para hacerte sentir que definitivamente tu naturaleza no es la de ser hombre, o  la terrible idea de que eres una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, no hermano tu en verdad eres un hombre, en toda la extensión de la palabra, con todo el valor que el mismo Cristo nos da y a semejanza suya, que con voluntad, esfuerzo, decisión y Fe puede vence todas aquellas limitaciones a las que fuimos expuestos.

(7) A continuación presento una información recabada y presentada en la página de EXODUS, sobre las raíces de la homosexualidad. En esta información se habla acerca de El efecto que tiene en el hijo el responsabilizarse emocionalmente de su madre:

Como Dios llama al hombre y a la mujer para ser uno en el matrimonio, la relación es completa, aun en el caso de que ellos todavía no tengan hijos. Cuando nace un niño en la familia, puede ocurrir una confusión de roles, si se pone demasiado énfasis en el niño para satisfacer las necesidades emocionales de la madre o del padre. Por ejemplo, un hijo puede desarrollar un fuerte sentido de compasión y el deseo de querer encargarse de cuidar a su madre, si ella se apoya emocionalmente en él, retransmitiéndole sus problemas matrimoniales y contándole sus problemas. Pero cuando se entiende que los niños son un complemento del marido y la esposa, y no el centro de la unidad familiar, el niño recibe la libertad de desarrollar un sentido saludable de sí mismo y de su identidad sexual, en vez de sentir la responsabilidad de sobrellevar la carga de las demandas emocionales de sus padres.

El marido

De acuerdo con Efesios 5:25-28, Dios asigna al marido para que:

• Dé sustento

• Esté emocionalmente disponible

• Sea comprensivo y afectuoso

• Sea el líder en la casa

• Sea abnegado

Él debe amar a su esposa tanto como Cristo ama a su iglesia. Esa clase de amor es completamente desinteresada e incondicional.

La esposa

De acuerdo con Efesios 5:22 y Génesis 3:16,

Dios designa a las mujeres para que:

• Apoyen

• Afirmen la masculinidad de su marido

• Reflejen una imagen positiva de la masculinidad del marido a sus niños

• Comprendan el papel de su marido

Cuando el marido realiza correctamente las funciones dadas por Dios, la esposa queda libre para cumplir con las suyas, de esta forma la relación es saludable, al mismo tiempo que es satisfactoria y agradable a Dios.

Cuando las funciones entre marido y mujer se distorsionan, se produce un efecto que claramente conduce a la confusión, la frustración y la disfunción entre la pareja, sin contar los efectos de esa distorsión sobre el niño que ellos traen al mundo.

Veamos un ejemplo de las posibles implicaciones de una relación malsana entre los padres: Si un marido no es emocionalmente abierto con su esposa, ella subconscientemente puede buscar al varón más cercano y más significativo en su vida para recibir la afirmación que ella tanto desea. Cuando esa persona es su hijo, ella pone sobre el hijo una carga que a él no le corresponde llevar. Nunca es trabajo de un niño satisfacer las necesidades de sus padres. Tristemente, esto es lo que pasa a menudo en las vidas de quienes con el tiempo luchan con la homosexualidad. 

(8) Era una especie de energía sexual contenida, esperando a ser disparada. No podía dispararla heterosexualmente por que los temores, las heridas y los vicios que me originaron la AMS no me lo permitían.  Mis impulsos se dirigían a canalizar esa energía hacia la homosexualidad, yo necesitaba tener relaciones homosexuales, sentirme querido y protegido por otro hombre, pero tampoco me lo permitía por que había algo me decía que eso estaba mal, que no era normal o correcto. Toda esa energía yo la canalizaba a la pornografía homosexual y a  la masturbación, por eso fue tan intensa, y se puede decir que la práctica de la atracción al mismo sexo que yo sentía (para no usar el término homosexualidad) se limitó a la pornografía homosexual y a la masturbación. Una masturbación constante, exagerada y compulsiva

 

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